VI
n hombre medio gordito de aproximadamente cincuenta años, con una verruga al lado de la boca; la saludó diciéndole: -Hola, señora Viviana, me llamo Lorenzo, mi esposa
nzo, estoy en deuda con ustedes, espero poder pagarl
ara hacer aseo, tiene que recuperarse del parto, coger fuerza para que pueda dar buen
meros días la señora Pepita intentó frenarla; después ya disfrutaba de su empleada personal e incluso le buscaba otras labores. La muchacha por l
on Lorenzo intentaba sobrepasarse; le golpeaba en la puerta susurrándole: -Vivia
don Lorenzo, estoy muy enferma, tengo mucho cansancio, es que hoy no me bañé", mientr
ró ropa a las dos y una torta junto a una bebida para celebrar. Viviana se tomó más de med
n el cuello y las muñecas la detuvo. Tiró de los brazos y entonces lo entendió: estaba am
.
O
atro guardaespaldas desempleados que entraron a fest
deme su mejor mesa y la bote
ue, aunque no tenía un contenido de calidad, la cobraban como si lo tuviera. Esto los convirtió en
jeres y exclamó: "Con un fin de semana con estas dos
onca: -Eso ya no importa, ahora que tenemos mucho dinero nos vemos
ahora que somos los patrones; nos verem
go otra. Solo Jon estaba en desacuerdo con esto; dijo: "Esperen, tomémoslo des
serable, deje de ser tacaño, por eso es que nunc
n a la cabeza y resultaron solos, con la mesa llena de b
teando, gritó muy embravecido: -Esas
bar empezaron a pegarles garrota
so Jon, cubriéndose con una s
me la tienen que devolver
No, señor, el bar no tiene relación con las mujeres que vienen aquí, es que ni siquiera conozco a esas muchachas que se sent
no podemos dejar que la policía nos capture. Es me
ra tanto: un inconveniente más de unos borrachos que no quieren pagar la cuenta, quienes acabarían en un calabozo por veinticuatro horas.
replicarles: -Qué vergüenza, señores policías,
ido y sacudiendo las manos: -¡Agente,
o parió una mujer y nadie le robó nada; acuérdense de que pidieron de todo como locos. Ustedes son mafiosos que lograron
untaron ordenándoles: -Señores, nos
policía, girándolo y empujándolo contra
o si fueran mariscales de futbol americano, demoliendo todo lo que se les atravesaba
y decidieron esperar en la calle, cuidando la retaguardia. Estos, al ver a los
tomando aire con la boca abierta, manifestándoles: -Esperen, muchachos, no podemos huir de ellos, nos persiguen en motos y de seguro ya habr
e su ofrecimiento; era que estaba herido de gravedad, de su estómago brotaba sangre oscura, as
despistar a los policías, queriendo que fuera al único que lo p

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