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cristal que colgaban como coronas silenciosas, y alfombras tejidas a mano que amortiguaban cualquier sonido. La mansi
bajaban con precisión, como si supieran exactamente qué hacer sin necesidad de órdenes. Una de ellas sostenía un frasco pequeño d
os, gas-pah -susu
sentía cómo su estómago se encogía. No por miedo... no aún. Era l
os... Bajaban lentamente, como si marcaran un territorio que ya no le pertenecía. El aceite resbalaba con una suavidad insultan
só con amargura. Y él tiene de
ora e
l Be
lacable. Frío. Intocable. Nadie se atrevía a mirarlo directamente a los ojos.
vido a desafiarlo con palabras que, en otro tiempo, ha
n una prenda que Alessia no vio venir. Un camisón de encaje blanco, traslúci
s esto? -murmuró
ntestó una de las mujeres, ev
la tela fina. Alessia sintió el calor subirle al rostro, una mezcla de vergüenza y repulsión. No por él. No por su cuerpo. Sin
algo que Alessia no podía negar: por
padre le suplicó que no lo provocara. Ella lo había desafiado con palabras, con miradas,
n sin decir una palabra. El aire se tensó. Y el sonido de pasos fi
oche apena
.
s a
cuerpos en movimiento. La habitación, impregnada de deseo y humo de habano, era te
u pecho. Cuando sus cuerpos llegaron al clímax, ella se desplomó sobre su torso, agotada, con el
rró Irina, su voz aún temblando, pero co
rió los ojos, solo
firmado cuando solo
cabeza, molesta
to -insistió, tratando de sonar dulce, aun
La voz de Pavel e
unció lo
a buena familia. Podr
a miró con una mezcla de
italiana. Nuestra mayor competencia. Es u
el rostro c
si e
ncia de Pavel se resquebrajara. S
itaria. Molesto. Cortante como un cu
tan bien juntos... -lloriqueó Ir
rcástica que llenó la h
uando no estás conmigo? No me importa con cuá
a cama. Caminó hacia una cómoda, sacó un fa
ágrimas en los ojo
ito tu mal
ó, su mirada
lo. Y vete de
al fue como
ntre tú y yo...
año y cerró la puerta
rpo de Pavel, deslizándose por su piel como s
ina seguía dando vueltas,
en otro momento podría haber desestimado sin más
, el cuello, los hombros. No importa cómo sea. Aunque sea fea, tengo que hacerlo. Es un ne
e se negaba a desaparecer. Sabía perfectamente lo que estaba en juego. No era solo su futuro, era el de to
si me caso con ella, pensó con un dejo de resignación.

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