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La foca Martínez

La foca Martínez

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Gerardo Martínez encuentra, en mitad de la noche, nada menos que una foca recién nacida, en el lavadero de su casa. Inmerso en el reciente duelo por la ruptura de la relación con su pareja de años, el dilema de conservar al animal en secreto o entregarlo a las autoridades, modificará su estado de ánimo y dará un giro de 180 grados a su rutina.

Capítulo 1 Extraños sonidos en el patio

Son casi las once de la noche, Gerardo va hasta el negocio más cercano que a esa hora le venderá unas cervezas, y cuando vuelve, para disfrutar de las bebidas y de la noche primaveral, sale al patio con una silla, sin encender la luz, mejor así, más íntimo. Luego de unos minutos escucha un sonido débil, como de agua, mira hacia el lavadero que está en un rincón, pero está muy oscuro para ver algo. Se levanta y sin soltar el vaso vuelve a la casa para encender la luz del patio porque la del lavadero se ha quemado.

Va al lavadero tenuemente iluminado y se asusta, porque hay algo dentro del lavatorio, lleno de agua, algo oscuro, inmóvil, deja el vaso en el suelo y se acerca despacio. Es un animal, parece un perro…¡¡¡Es una foca!!!

Por un lado, no sabe qué hacer ante la situación, pero piensa que no es tan tarde, y que algún vecino puede salir al patio y asomarse por encima de la tapia para mirar hacia el suyo, ya que una luz encendida y a esa hora llama la atención, pone todo en evidencia, y tienta a los fisgones, entonces va a apagar la luz y vuelve.

Recupera su vaso y regresa a la silla para medita la situación. Enciende la linterna de su teléfono, apunta hacia la foca y ella parpadea y entrecierra un poco los ojos. Gerardo se enternece y la foca grita o hace el sonido que hace una foca pequeña, quizás recién nacida, así que apaga la linterna para que no vuelva a gritar. Acaba el vaso y se va adentro, con cuidado, en silencio. No sabe si volver al patio, tiene que pensar.

Ya pasó un buen rato y no se ha escuchado más nada. Fantasea con que se haya ido, o que sea un perro, o que haya sido una foca imaginaria, o estar soñando. Por lo pronto se quedará un rato más levantado, luego procurará dormir y al día siguiente verá qué hacer, mientras tanto se sirve otro vaso de cerveza.

Cavilando sobre el asunto acabó la botella, y luego fue a buscar a la foca con una toalla, le daba impresión el contacto directo. Había preparado un fuentón con una frazada dentro, a modo de cama, y mientras el animal se estuvo quieto ahí, se puso a investigar qué comen las focas y se fijó si tenía algo en la heladera y en las alacenas para darle. Apenas encontró una lata de atún que la foca no tardó en devorar, y que por suerte pareció haber satisfecho su hambre. Gerardo procuró levantarse bien temprano para salir en busca de provisiones, antes de que la foca comenzara a quejarse.

Colocó el fuentón a su lado, sobre la cama, y dejó prendido un velador. Parece que tiene mucho sueño, porque se desvanece con intermitencias mientras lo mira a él y a su alrededor. Parece que así se siente protegida, al menos no grita como hace unos segundos cuando quedó sola en el living. Cuando ella se duerma, podrá ir a lavarse los dientes.

Un par de asuntos demoraron la llegada del sueño: si no se comunicaba con las autoridades para notificarlas del hallazgo, y posteriormente detectaban al animal bajo su tenencia ilegal, podía ir preso, o ser castigado con una poderosa multa. Lo que fuese que pasara no sería agradable, a menos que la escondiera en su vivienda bajo máximo secreto. Pensar en eso parece que lo despertó del todo; trató de calmarse pensando que, lo que crea mejor, eso será lo que decida, y del resto se encargará el presente, cuando cada cosa alcance su momento.

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