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Historia

Capítulo 2 Dos

Palabras:1840    |    Actualizado en: 18/11/2025

en el último piso del Petrov Palace, el invierno no

, una enorme pintura del Kremlin, como si incluso el poder político ruso respondiera a él desde la pare

tros, generales, empresarios con fortunas imposibles de rastrear. Y s

rás de la espalda y los ojos clavados en cada uno de ellos. Esos ojos azu

ncio como un disparo seco-. ¿Alguien va a decirme por qué

irnov carrasp

su entrada, Mikhail. Ella no llegó

ederas del imperio Morgan instala su base en M

omo una tormenta que na

no de los empresarios, ajustando su corbata con los

era intimidante. Cada paso suyo era como una sentencia silencios

cuándo dejamos que la ley

muró el hombre, b

ó Mikhail-. Nosot

o con la palma abie

eña de algo. Organizó una gala, atrajo cámaras, diplomáticos, oligarcas. Se presentó como si el mundo

cto con Inglaterra -dijo

ó lentament

conflictos.

lencio volviera a aplastarlos. Su presencia era insoportable. Na

tá en Moscú? -preguntó, más suave, como

resp

si vino por negocios, por nostalgia o por venganza. No me importa cuántos tratados firmó su padre

ña, la colocó sobre el escritorio y la abrió.

jugando como reina. -Levantó la figura, la

El sonido del marfil rompiéndose con

es la que manda. Aquí,

a hablar: Dmitry Vasiliev, el jefe de seguridad del

ordena

imera vez. Fría. Impe

Morgan Enterprises, sus conexiones en Europa, sus cuentas. Quiero conocerla mejor

Su voz se volvió un susur

que hacemos con las flores que intent

Los demás, tembl

calma absoluta-. Si alguno de ustedes decide jugar a dos bandos, n

spendidas en el aire mientras el

Morgan observaba la ciudad desde el balcón de su habitación.

ció con una b

Alex? - Fue la p

nas, sin despegar la

lo estoy

tu amiga, no juegues con fuego, y Mi

s a mundos distintos Natalia, él es un Poderoso

ov se siente am

lia, más allá de todo es mi

ra, pero solo te di

se paso entre acero, concreto y recuerdos helados. Las cúpulas doradas del Kremlin destellaban a lo lejos mientras los tejados aún ex

er. El mármol blanco brillaba bajo la luz natural que comenzaba a filtrarse por las cristaleras. En sus mesas, las conversacio

il que realzaban el tono cálido de su piel. Su cabello, cuidadosamente suelto, caía sobre sus hombros como seda negra.

icarse: nacía de una vida forjada en tradición, poder y control emocional. Y cuando sonreía, como lo hizo en ese momento al saludar a su socio,

a, ofreciéndole la mano-. Gracias p

ás de tres décadas de experiencia en

ta en Siberia -bromeó, encantado-

asiento. El desayuno comenzó con café fuer

ada en una leve elevación que permitía ver toda la sala principa

or el control. Y ese control, en ese instant

aber nacido para esa atmósfera de discreta sofisticación. Tenía un café sin tocar frente a él y un informe sobre la mes

mujer. La miraba como un estratega observa

adora, ni como una espía, ni siquiera como una oportunista. Se movía

sonri

aludar, otra para persuadir, otra para escuchar. Era una orquestadora natural del lenguaje no verb

ligroso que cu

ba -dijo Dmitry, sentado frente a él

Mikhail sin apartar la vista-. Vino a plantar

la saquemo

Apretó la mandíbula y finalmente, c

uros. Y yo no soy inseguro -dijo con voz baja-. Quiero o

y asi

intervenga e

peligrosa-. Ella está jugando ajedrez. No

la principal, Alexandra

oz suave-. Cuando llegué a Moscú, sabía que

alguna a

egancia-. Sé en qué territorio estoy. No vine a desest

a miró co

o lo pe

enidad. Pero en sus ojos

. No vine con espada. Pe

a tensión en los labios de Alexandra.

no supo si quería exp

pretón de manos y la promesa

in mirar hacia el área VIP, d

nos vieron sufi

mente intencionado, giró ligeramente el rostro hacia la el

das se c

de dos

ue suf

rpadeó. Alexa

e el tablero seguía en juego... pero

n un duelo

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