tal de mi celda se est
ra D
ica alma en esta maldita y helada ciudad a la
o y una Glock en la otra. Su rostro estaba manc
movimiento rápido, cortó las cuerdas que ataban mis mu
ado -susurré. Mi voz era un raspón o
e con
Vio la devastación en mis o
s aquí -dijo sombrí
os la op
illo cuando Dante salió d
scuro estaba perfectamente peinado. La única señal de sus actividades recientes
ás de él, pálida y frágil, aferrándose
Dante se p
fríos. G
zo. No miró los moretones q
ue un saludo. F
rando el grito de mis músculos maltratad
en dos largas zancadas. Me agarr
e no me ente
mente. -¿Ent
ofía con la cabeza-. Que les pagaste a esos hombres para
ca se
s manos, sollozando en silencio. -Te lo dije,
mí también me secuestraron, Dante! ¡Estaba pudriéndome en
ombres te encontraron desat
e a su cinturón, donde
e de Mía-. Ella me salvó. Que
un empujón. Me ta
ó-. Vamos a casa. Y lueg
hacienda fue sofocante, s
y desdibujarse tras las ventanas
cargó a Sofía adentro. Ordenó al m
oso, un fantasma en mi propia casa, c
s como plomo. Fui a mi habitación. Necesita
la puerta de mi
andab
n estaba dem
eron a la esquina
te estab
olonc
El instrumento que valía más que toda esta casa. El i
desapa
y agudo, me at
armario
al p
a! -

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