nsablemente para enterrar las manchas de sangre en los adoquines, los re
netas blindadas rugían a ralentí, un gruñido
nía firmemente
s piernas se negaban
erida; era una cosa viva y parasitaria, pul
n no no
e como un centinel
y podía sentir los ojos de los francotiradore
matrimonio -declaró Dante, su voz
, su agarre sobre mí se hizo más fuerte-. Verán su mano
da que cobrar
oneda de s
e los Villarreal en una cara y el
. Una deuda de vida que mi
cobrando -
se c
-preguntó Lucas, incrédulo-. ¿Para qued
spondió
aferraba a su brazo
d para Sofía. No puedes tocarla. Ni hoy. Ni
or mi garganta,
tratando d
de nuestro mundo para asegurarse de que
r
seguridad con la mon
abiendo a ceniza-. La deuda está pa
-dijo
uiera
dos modos, ya no
út
a tocar. Porqu
beza contra el
ra -s
-insistió Lucas, sintiend
razné-. El que est
gritó Dante,
ío -i
s de Lucas corrió
espués, agarrando el
ajuela de la camio
nte por ú
. El Príncipe de Hielo rein
mí, se veí
el viento se llevó mi voz ant
alda para con
o estomacal salpicando la impe
Lucas, su voz distorsiona
e disolvió
el zumbido constante de los mot
ntravenosa, el líquido trans
aba fuertem
a mi lado, sus ojos e
gunté, mi v
s me
enían una pro
el cuerpo, Ximena. El
a min
a no
s no quería que supiera que no había b
mpor
e habí
el lecho de nubes
bos. A terri
ba l
i mano vendada,
taba
e de una guerra que nunca

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