el jet.
ra de regreso a la hacienda. Tenía que conseguir mis papeles, pe
estido todavía empapado y pegado a m
el salón
de silencio pesado y sofocan
mi voz resonand
o resp
deshecha, las sábanas rotas. Una lámpara yacía
aterrador, se abrió
cocina, hasta la pesada puerta que
acero estaba
jé para
bor metálico del cobre mezclado
quitado el saco. Su impecable camisa blanca estaba arreman
Un grueso látigo de cuero trenza
ared, con la cabeza
hinchado, irreconocible. Un fino hilo
pulmones. Caí de rodillas, el suelo
irarme. Su rostro era una másca
a Lucas
egunta. Era u
naloa y le dijiste que la
me de pie de un salto, la adrenalina su
su voz aterradoramente tranquila
o y roto que me raspó la garganta-.
la seguridad de esta familia al llamar a tu hermano. Rompiste
voy a
aire a su alrededor crepitaba con violencia-. Eres
ue estaba en las sombras d
yendo de mí a su jefe. -
! -rugi
ntra las paredes de conc
rañé, grité hasta que mi garganta estuvo
a habitación. Manos ásperas me esposaron las muñeca
e rasgada. Mi piel quedó ex
o Dante. Sus pasos resonaron
. Por el último y deshilachado hilo de amor que aún sentía
n -d
latigazo
arra de hierro fundi
it
l aliento, destrozó mi realidad
ac
undo l
fuerte que saboreé san
ac
ándome en la forma inconsciente
ac
algo dentro de m
is h
niña que había soñado con un príncipe oscuro que vendría a salvarla.
a m
frío suelo de concreto d
aba con dificultad, su rab
sicario, dando un paso adelante-.
se c
ue siguió fue
en llamas. Ya no s
cadenas, el metal cla
ro pálido y manchado de lágrimas. Miró la s
ieron de par en par. Como si es
ó. Extendió una
m
rrosa, la oscuridad se arrastrab
no era más que un gra
voz temblando por primera v
estruiste
a mirarlo
cueva -susurré-.
e quedó
dad derramándose con mi últ
color se drenó de su piel, dejándo
-logr
suavemente-. Y a
ad me tomó
la bie

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