paración con el caos de afuera. Estaba revestido de
is nudillos se pusieron blancos. Miré mi reflejo. Mi lápi
, vibraba con una furia
rta se
en
a accionado un interruptor. Se veía engreída. Se acercó conton
dulzura-. Perdón por lo de allá
ra enfrentarla. -¿Cree
tienes el apellido, Elena. Pero yo lo tengo a él. Tengo su corazón. Tengo sus noches. Y -se
tética. Estaba luchando por las so
la institución. Cuando se aburra de ti -y lo hará-, no serás nada. E
ontrajo. La máscara s
. Me dice que eres como un pez en la cama. Fría. Ab
contigo porque er
falso y agudo que rechinó c
deliberadamente un bote de ba
. ¡Para! ¡Por fa
rió de golpe ca
. Debió habernos segu
, sollozando. Me vio
é pasó. Ni siq
ó hac
u lado, con pánico en su
ho, aferrándose a sus solapas-. ¡Di
a. Una mentira
tonces. Sus ojos
e pasa?
antuve mi rostro impasible. Nunc
do, Dante -di
pectáculo en sus brazos-. ¡Está aterrorizada! ¿Crees que porqu
la t
ía en sus brazos, sosteniéndola como s
dijo, su voz helada-
li
baño de un club para lle
po, escuchando el silencio volv
a. Los cadeneros me miraron c
a un chof
mento. Llovía ligeramente. El agua se mezcló con
de diez cuadras. Los zapatos rojos me
udo. Era real. Me recorda
camino de regre
aleta. No una grande. Solo lo esencial. Mi pasapo
con los aretes de diamantes que me dio esta maña
de compromiso. El
de la cocina. Junto
sola p
frút
rrojo. Cambié el código digital para
el sofá en l
aliera el sol.

GOOGLE PLAY