Elena V
eaños número
onrisa que no llegaba a sus ojos. Actuó como si la última semana no hubiera suced
leaños, mi
ectáculo privado de fuegos artificiales sobre
el cielo -rojas, doradas, moradas- reflejándose en el agua oscura de abaj
sonó su
y su rostro
Pero el ambiente se había roto. El humo de los fuegos artificiales persis
de su encanto habitual-. Vamos a la quinta de v
r una carretera sinuosa rodeada de un bosque denso e
lo puso en altavoz por accidente an
ficientemente ráp
nte! ¡El bebé! ¡Creo
a detenerse violentamente en el acotamiento de grav
ico en sus ojos. P
que irm
pozo en mi estómago me decía ex
amudeó-. Le dispararo
mpleaños. En medio de la nada. Había oíd
ate
paz de procesar la crue
ciudad, tomará demasiado tiempo. La quinta está a solo un k
í y empujó mi pue
endo la crisis de ella, su ment
No tuve
a, aceleró. Las llantas levantaron una lluvia
raseras rojas de su coche desaparecieron e
vibró en mi
mensaje
al bebé. Feliz cum
. Hacía un frío que calaba. Me abracé, tratand
onó de nuevo.
da. El identificad
tes
e, el interior tapizado en cuero oscuro. Me miró, y su
xigió. Su voz era
Nacional -dije. Mi voz no temb
or
jó. Tuvo una
Vio la forma en que me sostenía, la forma en que el vestido de cumplea
diez minu
spaña -dije
a caminar. Mantén el teléfono encendido.
é a c
del teléfono fue lo único que me man
staría bien. Simplemente se quedó en la línea, un
uí -dijo
egándome por un momento. Una enorme
la guerra envuelta e
reguntó si estaba bien. Me tocó la mejilla con el pulgar,
muere -d
pecho se había cristalizado
asiado fácil. Quie
expresión aterradora,
esees,

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