AM cuando lo o
eguida por el pitido del teclad
resividad. Luego, la frustración se apod
¡Abre l
sala, bebiendo una copa de vino q
luminarse en la mesa de centro, vibr
encio reclamó el pasillo. Debió habers
ofá, mantenie
furioso, con aspecto desaliñado, la corba
ió, arrojando sus llaves sobre la co
i café, mi expresión
el anillo sobre la barr
. Anoche... estaba borracho. No quise dejarte. Solo... me sentí
petí secamente, probando
Lo siento. -Intentó abrazarme, exte
poniendo el sofá entre
en sus labios. -Vamos, Elena. No te pongas as
to a la puerta. -Tu vestido regresó
medida. Costaba más de lo que la may
dose en un tono suplicante-. Déjame
No parecía un vestido de novia.
bien
o a la habitaci
tura y se abría en capas de seda
cía un s
a la
on de par en par. -Wow. Ele
buscando su teléfono
era tomar la foto
instante. La sonrisa se desvaneció,
omar esta ll
a puerta de cristal pero sin asegu
o un fantasma. Me quedé en
bando el vestido... Sí, sé que lo prometí... No, no la amo. Lo sabes. Es una
los
na es
la sien-. Ya voy. Le diré que es un problema
lg
ndo sus facciones en una
los muelles. Un cargamento de... mercancías... fu
del día?
, sus labios se sentían como una marca-. Te ves he
iendo por
vi
éfono
e de un númer
una
e. Él conducía. Su mano descansaba í
o decía: *Vin
uerte. Fue el sonido silencioso de una atadura rom
Abrí el cajón d
jeras de alt
pejo. Miré
y las clavé en
Corté.
el corpiño.
cayó al suelo c
e quedé allí en ropa interior, ro
ntí l
ono. Abrí el
r mí*,
llegó tres se
or la v
acia la
ctamente frente al edificio, había
ntom. Era negro, elegante y depredad
entana tr
ba como una armadura. Tenía una cicatriz que le atravesaba la ceja
n
ba a
res días. L
encima del vestido destroz
é haci
ajé por el ascensor y
puertas d
a a lluvia
de Enzo me abrió l
en el asien
aba. Ocupaba todo el espacio, irradi
ó mi dedo an
lsillo y sacó una pequ
abr
iamante. Era negr
i Reina
era la
dí mi
o en mi dedo. Me
-le dijo
nte doblando la esquina a toda velocidad, regresa
masiad
abía

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