xto llegó a la m
e quedo
equeña casa blanca con postigos a
zón se
Ref
donde nos escondíamos cuando los federales hacían redadas en la ciudad. Era donde habíamos pintado el cuarto d
ar que era verda
rompiendo todos los
a entrada, vi el co
e tablaroca. T
o
equipo de contratistas estaba derribando las paredes. La sala de estar estaba destrozada. El a
e! -grité-.
z me miró
rón, señora. Ren
Respondió al
éfono-. ¿Por qué la casa
ción -dijo con calma-. Es
! ¡Son nuest
o, Elena. Y es
lg
e cinco horas. Vi cómo las sombras
ros barrieron la entrada. La Su
taba bruscamente con el polvo y los escombros. Sofía lo siguió
a y sonrió. Fue una so
ente sobre un trozo de moldura rota-. Pero el cuarto
a habitación que se
mirándome sentada en
, Elena -dijo
ando -dije, co
una propiedad -co
fía. Ella se estremeció, es
dije-. Estás vivi
a ja
me está
u pecho chocando con el mío.
lena. O haré que mis
l chico que amaba
basura para ti? -p
e nuestro primer
lo -dijo-. Deja de ser s
na chequera
ebles que tiramos -ofreci
bala
orció el brazo detrás de la espa
ta! -
ó hacia
pera los papeles del divo
u cara, tratándola como porcelana fina mientr
do`, me envió un mensaje de t
principal, donde el si
a empresa
-. La ropa. Los muebles. Las fotos.
amanecer, la recámara principal est
rte. Nuestra boda. Nuestros viajes a Ital
jé a la
í el c
oscarse, ennegrecerse y
aba tan vacía como mi matrimonio. El dolor en mi cue
a nada po
rta. Solo esperaba que mi c

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