r correo en un sobre d
exprés. Ese fue el precio barato de cortar un
e las mejillas expuestas. Me sentí extraña, aterradoramente ligera. El
pequeña cuenta de ahorros y mi testamento final. El otro fue para Dante, conten
ueran tiradas por pesas de plomo. El estallido de energía -esa lucidez terminal
vibró cont
or supuesto
o íntimo de Dante durmiendo. Su rostro est
sueña con nuestro hijo.
zada de celos. No sentí la necesidad de gr
a conve
as de hierro forjado se abrieron automática
la casa se sentía como una tumba. Me senté en la fría banca
viejo diario de cuero que había en
por el tiempo. La caligrafía al p
Tiene sangre en los nudillos y tris
as entradas se volvieron más cortas, más
No volvió a
oy sola en una ca
laba ahora. El dolor en mi abdomen era una b
una últi
Ojalá nunca hubiera cono
el l
, pintando el cielo con m
llo. No me molesté en contar las pasti
la helada ban
etroceder. Fue reemplazado por u
e volviero
vaba una chamarra de cuero que le quedaba dos tallas gran
no el Patrón.
mentito. El chico que me
endiendo una mano
nr
su
s, solo h

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