ítu
patear las bolas de Samuel. Me lo imaginé retorci
na señora divorciada que se quejaba del irresponsable de su marido. Estaba tan mareada que creí que iba a vomitar, odiaba viajar por esa simpl
ue llevaba un cartelito con mi nombre como si
ila para salir podía ver sus deliciosos músculos trabajados, sus brazos eran abultados, me pregunté si debajo de la ropa era igual, supuse que seguía haciendo ejercicio. Él era una montaña dura, me mordí el
guapo. Podía pasar como un conquistador, pero era todo lo contrario, era intelig
casi me atraganté cuando sus ojos acaramelados me enfocaron, se me secó la boca. Al parecer no había superado mi atracción hacia el
se echó hacia atrás como si lo hubie
s? Tenía más de treinta y se comportaba como un adolescente de quince años. Vi su
en
a su dirección, la cual la llevaba en un mensaje de texto de parte de la señor
a siete años que no lo veía, a pesar de que él y su novia habían visita
cátedra de cálculo integral y un montón de materias matemáticas que no tenía idea. Sip, era un
tudiara medicina, jurisprudencia o ingeniería. Su sueño era ese, que me convirtiera en una g
die. Se me hizo gracioso que Samuel siguiera pensando en mí como aquella chica que quería ir en contra de la corriente. Fue una etapa dura, era mi escudo para recordarme quién era y q
uía siendo el mismo inflexible y recto. No voy a negar que para mis antiguas amigas y para mí era
a con él, insistí una y otra vez en que no era necesario, es decir, ya
y respirar otros aires. A mi madre no le gustó la idea, a mi padre mucho men
de la infancia para que le rogara a su hijo, el cual me odiaba, que me d
idió que no fuera una espina en el culo con Sam. Le prometí que sería prudente, pero ser una es
tabilizara mi cuenta bancaria, me largaría y buscaría mi propio lugar. Ya era tiempo de que mis
grandes y no sabía qué mierdas hacer para arrastrarlas. No podía solo irme para sacar cada una por separado,
-susurré lanza
ramente. Él estaba en la puerta golpeando el suelo con uno de sus pies, mirando hacia todas partes, se veía exasper
rrón claro -casi llegando al miel- y con el poder de dejarte sin aire. A mí me hubiera gu
yuda -gruñí al ac
a puñetera boca carnosa, se me
ijo antes de detener
abrir la cajuela, ni siquiera iba a ayu
ero no lanzando chispas por cualquier cosa. ¿Cómo su nov
té al tiempo que cargaba la última maleta y la arrojab
eguntas enfadadas, ya que estaba reclinada acomodando mi eq
lo que gastaste en marihuana cuando tenías qu
mediocre. Seguía preguntándome en dónde estaba ese chico que iba a la escuela en una bicicleta vieja y tenía unas
er a sollozar porque era otro de los que creían que ser chef era rascarse la panza. De todas formas, no me importaba lo que un estirado loco p
orándolo y sintiendo sus
de la puerta de la cajuela, la atraje hacia
l copiloto y abrí. Lo miré por encima del techo, todavía estaba estancado en el mismo lugar, le
furibundo, era mayor que yo, también era un bombón, no
ia, miré la ventana y ahogué las risas