Libros y Cuentos de Faye Wren
Traición en el Altar, Venganza en la Cocina
El olor a cebolla y cilantro frito, una nube de vapor que salía de mi puesto, "Tacos La Revancha". Mi vida era sencilla, de trabajo duro, sanando las heridas de una traición pasada. Pero la paz se hizo añicos cuando él apareció. Alejandro Castillo. El hombre que me dejó plantada en el altar hace cuatro años, el mismo que huyó al extranjero con un mensaje de texto. Mi corazón se llenó de furia, el recuerdo de la vergüenza y el dolor punzando como una herida abierta. Él estaba ahí, arrogante y encantador, como siempre. "Vine a buscarte", dijo, como si nada hubiera pasado. Me reí sin alegría. "¿Tan tarde vienes? La iglesia ya cerró". Pero el golpe verdadero no vino de él, sino de su abuela, Doña Elena, una matriarca de la alta sociedad. Me informó que existía un pacto antiguo entre nuestras familias: una boda. ¡Una boda! ¡Con el hombre que me traicionó! Y si me negaba, los Sandoval, una familia de rivales, destruirían el negocio de mi padre. No era una sugerencia, sino una orden. O casarme o verlo todo desaparecer. Conocía la amargura de la traición, pero esta vez, sentía una rabia fría. No podía ser un peón en sus juegos. Lo miré y le dije: "No me has perdido, Alejandro, porque nunca me has tenido". Ahí fue cuando lo decidí. Si este matrimonio forzado era un juego, yo pondría las reglas. Sería un espectáculo, una farsa empalagosa, tan extravagante que todos, incluida su abuela, rogarían por anular el compromiso. Esto no era amor, era mi venganza.
El Arquitecto Olvidado
Ricardo estaba en la cima del mundo, un arquitecto de sueños detrás del telón de la famosa influencer Sofía, su esposa. Él construyó su imperio digital, mientras ella brillaba, pero la llegada de su examante, Alejandro, desató una tormenta. Cuando sufrió un accidente, con su mano destrozada y necesitando una cirugía urgente, ella le negó el dinero con una frialdad escalofriante. "¡El dinero es para 'la marca'!", le espetó, mientras usaba esa misma fortuna para una suntuosa fiesta de bienvenida a Alejandro, con fuegos artificiales que iluminaron toda la Ciudad de México y una humillante travesura al final. "¿Por qué esta mujer, a quien le dio todo, lo trataba con tanto desprecio mientras colmaba de lujos a un ex?" En ese coche, parado en mitad de la avenida, con la tarjeta de crédito negra en su mano como un insulto, Ricardo tomó una decisión irreversible. Se levantó, se despidió del pasado y, al bloquear a su esposa de sus redes sociales, Ricardo empezó a construir su propio futuro, uno donde su talento, su sanación y su libertad serían los únicos protagonistas.
Cuando Serpiente se Convierte En Compañero
El aire denso y viciado del dormitorio universitario era el familiar aroma de mi lucha, de mis libros de anatomía y del café frío, todo por un futuro mejor para mi hermana Lucía. De repente, la puerta se abrió de golpe, revelando a Elena con una caja que se movía y una sonrisa maliciosa. Dentro de la caja, una serpiente de cascabel me heló la sangre; supe de inmediato que era un peligro mortal y una clara violación de las normas de la residencia. Mi grito de pánico resonó, pero a Elena solo le causó gracia, mientras la serpiente me miraba con una inteligencia perturbadora, como si ya entendiera mi miedo y mi rechazo. Los días se volvieron una tortura psicológica: la serpiente me acechaba, la encontré en mis tenis, en mi almohada, y Elena se burlaba diciendo: "Parece que le gustas" . Pero yo sabía que no era afecto, era una amenaza calculada, una guerra silenciosa que culminó cuando la serpiente mordió la mano de mi hermanita Lucía, dejando sus pequeños dedos colgando. La furia me cegó, tomé una lámpara para acabar con esa criatura infernal, pero Elena, preocupada solo por su "mascota" , se interpuso, permitiendo que la serpiente escapara mientras yo corría con Lucía al hospital. Perdí cuatro años en un limbo de culpa y dolor, mi hermana perdió sus dedos, y aunque me gradué con honores, mi alma estaba rota. Al regresar a casa, encontré a mi familia masacrada, no por ladrones, sino por docenas de serpientes de cascabel, y en el centro, la criatura original, mirándome con sus ojos vengativos antes de que todo se disolviera en una oscuridad mortal. Y entonces, desperté en mi cama del dormitorio, el sol en la ventana, el olor a café frío… y la voz de Elena que decía: "¡No vas a creer lo que me encontré, Sofi!" Era el mismo día, la misma pesadilla comenzando de nuevo, pero esta vez, el pánico fue reemplazado por una calma gélida y una certeza absoluta: las cosas serían radicalmente diferentes.
La Jaula de Los Olivos de Mi madre
Morí a los treinta y tantos, roto y sin un euro, una vida consumida por una depresión que solo conocía el amargo sabor del "deber filial". Mi madre, Isabel, se aseguró de que cada uno de mis sueños fuera aplastado bajo el peso de su amor retorcido: mi ambición de chef, mi amada Sofía, incluso un simple trabajo, todo fue sofocado con amenazas y un chantaje emocional despiadado. Me desangré lentamente, atrapado en la finca de olivos que ella llamaba hogar, pero que para mí era solo una prisión, con ella, mi carcelera, observando mi último aliento sin una sola lágrima, solo un suspiro de decepción. Su voz resonó en mi lecho de muerte, una sentencia cruel que nunca olvidaría: "Si hubiera sabido que saldrías así, te habría dejado en el campo el día que naciste". Y entonces, abrí los ojos; el sol andaluz inundaba mi antigua habitación, y la inconfundible voz de mi madre me llamaba a desayunar, como si nada hubiera pasado. Había resucitado, regresado a mis dieciocho años, el mismo día en que las solicitudes para la mejor escuela de cocina de España estaban a punto de cerrarse, el mismo día en que mi sueño fue aplastado la primera vez; pero esta vez, la helada calma me invadió, sabiendo que el guion de su chantaje no había cambiado, y que yo, conociendo el final, estaba listo para reescribir mi historia.
