Libros y Cuentos de Swing
Recetas robadas, amor traicionado
Llevaba diez años casada con Mateo, el esposo perfecto a los ojos de todos. Como chef, mi mayor alegría era cocinar para él, y estaba planeando una cena inolvidable para nuestro décimo aniversario. Pero una llamada anónima reveló la verdad: mi prima Sandra estaba embarazada de él. No solo eso, estaban usando mis recetas y mi talento para construirle una carrera a ella. Esa misma noche, Mateo me lo confirmó sin una pizca de culpa. Me pidió ser "comprensiva" y me abandonó en la montaña durante nuestra cita de aniversario para correr al hospital con ella. Vi su foto juntos en redes sociales. Él sonreía, usando el reloj que supuestamente era para mí, pero que en realidad tenía el nombre de Sandra grabado en la parte de atrás. Mi matrimonio, mi arte, mi vida entera... todo había sido una cruel mentira. No solo me robaron mis creaciones, me robaron mi identidad. Así que, en lugar de derrumbarme, decidí desaparecer. Fingiría mi muerte en un trágico accidente y, desde la tumba, publicaría un blog con cada prueba de su engaño. Su pesadilla apenas estaba por comenzar.
La Furia de Una Madre Herida
El olor a humo y a carne quemada me arrancó de la oscuridad de golpe, un grito ahogado en mi garganta. Mi corazón martilleaba, pero no había llamas, solo el frío familiar de la hacienda. Abrí los ojos, estaba viva. Estaba en mi cama. Mi calendario de escritorio marcaba el día, el mismo día en que todo se fue al infierno. El eco de la explosión final, el fuego devorándolo todo, aún resonaba. Vi a Rodrigo, mi esposo, caer en la nieve y el cuerpecito sin vida de mi pequeña Isabel. "¿Mami?" la voz de Camila, mi hija adoptiva y su preocupación ensayada, la misma de siempre. Sentí un escalofrío y la recordé, esa misma cara que me miró con odio mientras su padre, el líder del culto, nos despojaba de todo. "Estaba pensando en mis papás biológicos" , dijo Camila con esa voz suave de serpiente. "Necesitan comida. Y cobijas. Tal vez algo de dinero. Tú tienes tanto, y a ellos les falta todo." Mi estómago se revolvió. Esos animales nos encerraron en un almacén helado. Vi a Bernardo, su padre biológico, sonriendo mientras sostenía el cuchillo sobre mi Isabel. El grito de Rodrigo. Mi propio grito. El olor a sangre mezclado con tierra húmeda. ¿Cómo podía ser tan egoísta? La criamos como a una reina. Le dimos un amor que creí incondicional, un amor nacido de la culpa por perder a mi primera hija. Y para ella éramos solo un banco, un recurso inagotable. "Claro que sí, mi amor" , dije, mi voz extrañamente tranquila. Vi el destello de triunfo en sus ojos. Me levanté de la cama, mi mente trabajando a toda velocidad. El plan ya se estaba formando, frío y afilado. "Prepara una lista de lo que crees que necesitan" , le dije, "Yo me encargo de que tengan todo. Absolutamente todo lo que se merecen." Esta vez, no seremos las víctimas. Esta vez, yo seré la depredadora.
Mi Venganza: De Ingeniero a Dueño
El aire se cortaba con la anticipación. Hoy, mi esposa Sofía, la brillante cofundadora de "Innovación Financiera", finalmente me presentaría, Ricardo "El Ingeniero" Morales, no solo como el cerebro técnico, sino como su esposo oculto. Pero en el escenario, en su lugar, ella levantó la mano de Mateo Vega, el arrogante pero carismático pasante, la mano de otro. No una, sino dos veces, me humilló frente a toda la industria que yo mismo había ayudado a construir, llamándome solo un "cerebrito" y luego permitiendo que ese chico, ese pasante, me suplantara. Me vi forzado a tragar la amarga píldora de mi insignificancia. Aún peor, cuando confronté a Sofía, ella se puso de su lado, acusándome de celos y de intimidar "al futuro de la empresa". Me amenazó con arruinar mi carrera si persistía en mi "berrinche". ¿Cómo podía? ¿Cómo podía olvidar que yo hipotequé la casa de mis padres y vendí mi auto para financiar nuestro sueño? ¿Cómo podía ignorar que yo escribí cada línea de código, que yo creé cada patente? Mientras observaba a Sofía cenar con Mateo en "nuestro" restaurante, en "nuestra" mesa, la última ficha del dominó cayó. El silencio se posó en mi alma, era el momento. No más humillaciones. No más vivir en las sombras. Era hora de que mi trabajo y mi valía fueran reconocidos. Al día siguiente, con una calma que venía de lo más profundo de mi ser, le di a Sofía los papeles del divorcio y le confesé mi secreto: soy el propietario legal de todas las patentes de la empresa. Mi camino hacia la libertad, por fin, había comenzado.
La Boda del Desprecio
La noche de bodas de Ximena se suponía que sería el comienzo de una vida de ensueño con Ricardo, el hombre que creía amar. Pero en lugar de calidez y romance, la suite presidencial se llenó del frío desprecio de su flamante esposo, quien la ignoró para dormir en otra habitación. A la mañana siguiente, la humillación se transformó en un infierno al escuchar a Ricardo burlarse de ella y de su "ridículo camisón" con su secretaria, Carolina, añadiendo la cruel estocada de que Ximena "no era su tipo" y que deseaba un hijo que ella, supuestamente, no podía darle debido a la "infertilidad". El dolor de la traición y la mentira era insoportable, ¿cómo pudo ser tan ciega? ¿Cómo este hombre, al que entregó su corazón, podía ser tan monstruosamente cruel? Con el corazón destrozado, pero una rabia hirviendo en sus venas, Ximena tomó una decisión drástica: se divorciaría, y esta vez, nada la detendría de construir su propia vida, lejos de la sombra de Ricardo.
Cuando el Amor es Solo un Escalón
Noche de inauguración. Mi corazón latía con la esperanza de proponerle matrimonio a Mateo, el artista al que había entregado cinco años y cada centavo. Mi pastelería, mi orgullo, había financiado su sueño. Pero el aire se llenó de toxicidad cuando él, minutos después de ser revelado como el heredero perdido de los Lester, me arrebató la caja del anillo. Frente a una multitud que incluía a su nueva "pieza" Sasha, él se burló. Me llamó trepadora patética, riéndose mientras mi negocio, mi sustento, se derrumbaba. Arrojó el anillo plateado al suelo, destrozándome allí mismo. El mundo se detuvo, el dolor era tan agudo que apenas podía respirar. ¿Cómo era posible que el hombre por el que lo había sacrificado todo me humillara así? ¿Cómo podía estar tan ciego a mi amor, a todo lo que había hecho? ¿Y por qué mi negocio, mi refugio, también fue aniquilado justo en el mismo momento de su ascenso? Sentí una mezcla hirviente de humillación, incredulidad y una profunda traición. Pero en el fondo, una chispa se encendió. Ya no estaba sola. Y este no era el final, sino el principio de algo nuevo. Algo que Mateo no podía siquiera imaginar.
Mi Salvador me Daña
Mi abuela se moría y tuve que llamar a Mateo Reyes, mi amor de la infancia convertido en magnate, para una ayuda que sabía que no me daría. Su primera frase fue un gélido "¿Qué quieres, Sofía?", y al verme en Atocha, sentenció con desprecio: "¿Qué te ha pasado? Hueles a pobreza." Su prometida, Isabella, me humilló sutilmente en la mansión, luego los prestamistas me golpearon y amenazaron con revelar mi secreto: la cicatriz de una subrogación desesperada en mi abdomen. Mateo, ciego a mi dolor, me rechazó: "Deja de actuar. No soy tu salvador." La culminación fue la gala benéfica, donde fui públicamente expuesta y humillada, culminando con la "accidental" bebida derramada sobre mí por Isabella. ¿Cómo el hombre que me había amado podía odiarme tanto, sin ver el sacrificio que había hecho para salvar a mi familia? Mi cicatriz, el testamento silencioso de mi miseria, era invisible para él, y mi alma sangraba bajo sus golpes de desprecio. La muerte era mi única salida. Tras una silenciosa despedida a mi abuela, dejé una nota y me perdí en el abrazo oscuro de la noche de Madrid. Sofía Vega, la heredera arruinada, había muerto esa noche.
