OFÍA
antiséptico llenando mis fosas nasales. Mi tobillo palpitaba, un dolor sordo e
te-. Tiene una fractura de tobillo y una conmo
la boc
nto t
s antes de que pueda apoyar el
hombres corpulentos con trajes oscuros, el equipo de seguridad
equiere su presencia inmediata -declaró u
ueca al intentar sentarme-. Est
ras -gruñó el segundo guardia. Se acercó
adeó, dando un
una paciente! ¡Acaba de tener una
ardia la mir
se al margen. -La enfermera, intimid
esta. Fue una marcha grotesca y humillante por los pasillos del hospital. Me arrastraron, una m
ujosa habitación llena de flores, mis sospechas se confirmaron. A través de la puerta entreabierta, vi a Damián, con el brazo alrededor de Isa
fría, cortó el aire. Ni siquiera se había vu
mi pierna cedió. Me apoyé pesadamente en uno de los gu
se volvió, sus ojo
nas explicac
cir, mi voz ronca-. Me caí
venenoso-. La atacaste deliberadamente, tratando de lastimarla
rrando su rostro en
mián. Siempr
a, un infierno de
Ella me hizo trop
a burla, cargad
a. Tienes suerte de que no presente cargos. -Se puso de pie, su imponente figura proyectando una larga
r que me atormentaba constantemente? Las palabras se atascaron en mi garganta, ahogadas
la humillación, finalmente rompieron el muro de mi desesper
ció, una nube de tormenta acu
un paso más cerca, su voz bajando a un susurro amenazante-. ¿Crees que puedes salirte con la
us labios ape
vergüenza que traes. Rompiste mi jarrón. Manchaste mi reputación. -Se enderezó, su mirada fría como
os de caza altamente entrenados y viciosos allí. Rara vez, o nunca, se
ue le tengo miedo a los perros! ¡Por favor, no hagas esto! -Mi voz se qu
observó, su r
úlpate. Con Is
or mi rostro-. ¡No puedo, Damián, no lo enti
, por las escaleras de servicio y hacia una camioneta negra que esperaba. El mundo se convirtió
l aire era fresco, penetrante con el olor a pino y tierra húmeda. Mi p
ido. Profundo, gutural,
, resurgió con una claridad horrible. Mi corazón martilleaba contra mis costillas, un tambor frenético. Intenté correr, alejarme a toda prisa, p
elo frío, mi cuerpo temblando incontrolablem
e mi garganta-. ¡Me disculpo! ¡Lo siento, Isabella! ¡Lo sie
a la camioneta, mi cuerpo un desastre tembloroso. Mi reacción de mie
, sino directamente a la suite VIP de Isabella. Mi cabeza gol
das a mí. Isabella, con aire de suficienci
ulparse -anunció un g
una ceja perfec
Escuc
or mi pierna como un rayo al rojo vivo. Me mareé. Miré a Isabella, su rostro tri
y terror-. Yo... lo siento mucho. Lamento... haberte empujado. Lamento haberte lastimado. -Ca
na curva lenta y c
ar que estás realmente arrepentida. -Miró a Dam
ojos eran fríos, evaluadores. H
de mí me dio un co
ig
hinando los dientes cont
có el frío suelo de mármol-. Lo siento. Lo siento mucho. -Seguí repitiéndolo, mi voz cada vez más débi
. Sáquenla de aquí. Y llévenla a urgencias. Asegúrense de que la atiendan. -Un parpadeo, una cont
irando sobre mí, una profunda claridad me invadió. Esto era todo. Este era el final. La extinción final y brutal de cualquier esperanza, cualquier amor, cualquier

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