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VI
unas modestas casas que rompían las nubes y, aunque la temperatura era muy baj
ión con el Brayan, quien es un pandillero. Pero no con John, que es todo un señor y muy guapo, con una hermosa mirada, perfil
e mucho tiempo, cuando yo aún era una joven muy pobre e inocente.
s viejos amores. Sí, me pude dar cuenta de que él reaccionó muy extraño cuando los presenté; fue como si le h
rdé la esperanza de que ocurriera, hasta que los vi a ustedes dos juntos y es algo que no me puedo aguantar por más que lo intento, e
que tú y mis hermanos son blancos como la leche, no como yo... Por favor, madre, necesito que me lo cuente todo... ¿O acaso sí es él?... -No puede s
poco de razón y me estaba preparando para este día... Supuse que algún día tendría que hacerlo; me imaginé que debería empezar por el momento en que mi vida se partió en dos; fue p
manos temblorosas y emp
ia, cogiéndose la cabeza con las dos manos. Le grita: -Viviana, no puedo creer que estuvieras esperando un bebé. No sé cómo te diste mañas de ocultarlo; fui una bo
as tripas, cuando en parte todo es culpa suya. No sé si le molesta más que ahora sea a
avor, quédate conmigo, no me dejes. -Entre lágrimas ella le expone, tratando de cogerl
ea dígame, ¿quién es e
de la frente; ya se le borran los anhelos de ver a su hija vestida de blanco en un alta
bé y a Viviana, quien le responde: -Mamá fue en una ocasión en que nos dejaron c
fetearla, mientras le grita: -Deja de mentir, el Moncho es nuestro mejor ami
da: -¿Aún no me crees? Contempla que este bebé es morena como Moncho.
te dejo este dinero, no tengo más, espero que lo hagas rendir. No te molestes en volver a la casa; tu padre es capaz de desap
cidad, eso les decían los médicos. Viviana recordó esto y pensó: "Eso me debería servir, pero ahora ni siquiera soy capaz d
en la garganta a su madre: -Es que la culpa es suya, por no orientarme y sobre todo por
estabas preñada, algo hubiéramos hecho... Ahora no hay nada que hacer, lo único que sería darlo en adopción... Desde luego que eso ya no es opción; ya todo el barrio debe saber, los chismes via
ue después le daría tantas alegrías. De nuevo lloro amargamente, mientras Mariel

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