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una cicatriz grotesca en
, no me había salvado de una enfermedad. Me había cosechado como si
fríamente al cirujano mientras yo
egítimos, recibí balazos por él e incluso aborté a nuestro hijo hace tres
absoluta eventualment
ambos al borde de un puente días
salvo y observó cómo yo caía de es
e yo era un perro que siempre regresaría con
quiv
ua, pero la mujer que lo ama
no regresé al pentho
general de su enemigo mortal
? -le pregunté al hombre que quer
te no
ntera antes de permitir
casa, paralizado y en la ruina, sosteniendo
cosa: ya no lo q
ítu
te y blanco, un eco visual perfecto de las mentiras con las
plemente porqu
del Sindicato de Monterrey te dice
emente tonta como para creer que d
ó no fue sueño. Fue un mazo
y viscoso, incapaz de
mucho antes de que el resto de los sentidos despierten. El pitido rítmico
er esto, Dante
re en esta maldita ciudad al que t
efacciones. Es la hija de tu d
una pesada puerta sellando una tumba. Era la voz que hacía que hombres hechos
ando un riñón porque Sofía se destrozó l
a la
dedor. El olor a azufre y tabaco
n donante compatible. Elena es co
ua atrapada dentro de mi propia carne, obligada a escuchar al hombre que había ama
un berrinche sobre la pureza del linaje -dijo Mateo, su voz temblan
niño -mintió Dante. Co
a será compensación suficiente. Es leal. Es un perro que sie
per
e ser su sombra, de recibir balazos por
golden retriever con un t
una tercera v
odavía no. Solo una presión fría y des
n pedazo de mí para dárselo a la mujer qu
olo resonó en la cavi
rté de verdad, la habit
a, un animal de dientes afilados que me
nte. Se veía impecable en su traje gris oscuro, ni un
y cerró el expe
ataque de apendicitis aguda. T
loja que era un insu
Realmente
Los ojos azul hielo que solían hacer que mis rodillas temblaran.
ía la garganta como si hub
e y alisándose el saco. Revisó su reloj, un gesto d
la frente. Ni siquiera miró el ve
aré que la enfermer
puerta sin
on junto a mi puerta abierta, sus susur
es e
está dando caldo en la boca personalmente a esa
lientes y humillantes. No me las sequé. Dejé que cayeran,
determinación se endureció hasta convertirse en algo más frío, más
esentación hacía cinco años. Un número que pertenecía al h
dos v
ió una voz prof
te -su
uieres casa
tendió en la líne
filo letal se suavizó, solo
-dije, mirando el t
Vi la foto en tu escritorio, Vicente. La m

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